Garoña cierra por problemas de seguridad

Carlos Bravo. Biólogo, experto en energía nuclear e integrante del grupo Salvia

Garoña, la central nuclear de las mil y una grietas, va a cerrar este mes de diciembre. La compañía propietaria, Nuclenor (participada por Iberdrola y Endesa, con un 50% cada una), ha anunciado su decisión de anticipar el cese definitivo de su explotación con anterioridad al próximo 31 de diciembre para, supuestamente, evitar las presuntas pérdidas económicas que le ocasionarían las reformas energéticas del Gobierno.

En concreto, esas reformas son los nuevos impuestos sobre la producción eléctrica y el combustible nuclear gastado (Nuclenor calcula que este último impuesto les supondría pagar 153 millones de euros) que se gravarían a partir del 1 de enero próximo con la entrada en vigor de la Ley de Medidas Fiscales para la Sostenibilidad Energética, que será aprobada definitivamente en el Congreso de los Diputados en breve.

No obstante, Nuclenor también ha aclarado que esta decisión podría revertirse si no se acabase promulgando esa Ley o si, cuando lo fuera, las condiciones impuestas en la misma variasen sustancialmente respecto del Proyecto de Ley actualmente en trámite, si bien ambas cosas, según fuentes parlamentarias consultadas, parecen ya muy improbables.

Una decisión ‘reversible’

Pese al carácter reversible que Nuclenor quiere otorgar a su decisión, todo parece indicar que ésta ya no tendrá vuelta atrás. De hecho, ya el mes de septiembre pasado, Nuclenor no solicitó la prórroga de funcionamiento hasta el 2019 que el Gobierno le brindó en bandeja para evitar el cierre de Garoña previsto para julio de 2013, excusándose en argumentos de índole regulatoria.

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha dejado claro que, ante la renuncia de Nuclenor a solicitar esa prórroga, el único escenario posible es el del cierre definitivo de la central en julio de 2013. Cierto es que, de vez en cuando, surgen informaciones de que Iberdrola y Endesa y el Gobierno siguen negociando a puerta cerrada para tratar de garantizar la continuidad de Garoña, pero ello entrañaría muchas complicaciones, incluso desde el punto de vista legal (aunque en ese sentido ya sabemos que España es un país lleno de sorpresas).

Analizando en profundidad la evolución de sus declaraciones y notas de prensa, parece obvio que existe una estrategia de comunicación por parte de Nuclenor y sus dueñas, Iberdrola y Endesa, para propagar que la causa del cierre es una mera cuestión económica derivada de la incertidumbre regulatoria generada por el Gobierno en el sector eléctrico. Esa incertidumbre desde luego, existe, especialmente para el sector de las renovables, Nuclenor también plantea que el cese de su explotación no tiene nada que ver con el funcionamiento de la central nuclear, que, según arguyen, sería completamente segura. Lo cual está muy lejos de ser cierto.

En línea con esta estrategia, se ha ido poco a poco relegando hasta hacerlo desaparecer el argumento de que Nuclenor tendría que invertir al menos 120 millones euros para implementar las medidas de seguridad derivadas de las pruebas de resistencia realizadas a consecuencia del accidente nuclear de Fukushima, cuya unidad número 1 es hermana gemela de Garoña. Las eléctricas quieren alejar el fantasma de Fukushima del recuerdo de la opinión pública.

Desde hace décadas, la industria nuclear está en declive. La causa principal es su falta de rentabilidad. Su elevado coste económico se debe principalmente a las cada vez mayores exigencias de seguridad por parte de la sociedad, especialmente tras los desastres de Three Mile Island (EE UU, 1979), Chernobil (Ucrania, 1986) y Fukushima (Japón, 2011).

Como muestra, un botón: la compañía eléctrica estatal francesa EDF ha reconocido recientemente que el coste de su única central en construcción, el reactor EPR de Flamanville-3, ha pasado de los 3.300 millones de euros estimados iniciales, a 8.500.

Inversión económica

El cierre de Garoña se debe, se quiera reconocer o no (para evitar así dar la razón al movimiento ecologista) que sus dueños son conscientes de que las inversiones que tendrían que acometer a corto y medio plazo para hacer frente a las medidas de seguridad que se exigirían a Garoña son mucho más elevadas de lo que inicialmente dijeron.

Los problemas de seguridad de Garoña son muy importantes, y vienen de lejos, pero se han hecho más evidentes tras el desastre de Fukushima. En primer lugar, los problemas de agrietamiento que afectan desde los años 80 a diversos componentes de la propia vasija del reactor. Con estos antecedentes, el descubrimiento, el mes de julio pasado, de grietas en la propia estructura de la vasija de los reactores belgas Doel-3 y Tihange-2, elaboradas por la misma empresa que fabricó la de Garoña, permiten suponer que Garoña probablemente podría estar aquejada de este grave problema.

En segundo, la central de Garoña es incapaz de refrigerar correctamente el núcleo del reactor incluso en funcionamiento rutinario, que se hace a costa de provocar un enorme sobrecalentamiento de las aguas del río Ebro a su paso por Garoña. Para resolver ese problema, Nuclenor podría verse obligado a construir una torre de refrigeración.

Además, como puede verse en el “Informe final de las pruebas de resistencia realizadas a las centrales nucleares españolas”, elaborado por el CSN y publicado con fecha 22 de diciembre de 2011, aparecen importantes lagunas todavía sin cerrar por parte del CSN y que, desde luego requerirán inversiones muy importantes en la instalación para que ésta pueda seguir operando en condiciones de seguridad.

Entre otras, se refieren a resistencia ante terremotos, dentro y fuera de la instalación, por ejemplo con la rotura rápida o instantánea de la presa del Ebro, aguas arriba, como escenario derivado del terremoto, con la consiguiente inundación del emplazamiento de Garoña, escenario que no ha sido contemplado, y que Garoña no podría resistir. Demasiados problemas demasiado costosos. Nuclenor hace bien en cerrarla, otra cosa es que lo haga reconociendo la verdad.

Una central nuclear con demasiados años

El 3 de julio se publicó en el Boletín Oficial del Estado la orden que revocaba el cierre de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) previsto para julio de 2013 por el Ejecutivo del anterior Gobierno. Tras esta decisión del PP, la nuclear más antigua del Estado español, con 41 años de antigüedad, prolongaría su vida útil hasta 2019. Sin embargo, finalmente Nuclenor, propietaria de la central ha decido cerrar la planta, asegura que por problemas económicos. Organizaciones ecologistas recuerdan que el cierre se debe, en realidad, a la falta de seguridad de Garoña, afectada en más de cien elementos y por agrietamiento estructural.El 3 de julio se publicó en el Boletín Oficial del Estado la orden que revocaba el cierre de la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos) previsto para julio de 2013 por el Ejecutivo del anterior Gobierno. Tras esta decisión del PP, la nuclear más antigua del Estado español, con 41 años de antigüedad, prolongaría su vida útil hasta 2019. Sin embargo, finalmente Nuclenor, propietaria de la central ha decido cerrar la planta, asegura que por problemas económicos. Organizaciones ecologistas recuerdan que el cierre se debe, en realidad, a la falta de seguridad de Garoña, afectada en más de cien elementos y por agrietamiento estructural.

https://www.diagonalperiodico.net/global/garona-cierra-por-problemas-seguridad.html

 

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