Yo también cerré Garoña

Alberto Frias – Lurra

Los medios de comunicación han intentado esculpir con fuego en nuestras mentes que la verdad única e inmutable del cierre de Garoña es la inseguridad del nuevo marco regulador del sistema eléctrico. Traduciendo para socialdemócratas despistados venidos a menos, que las multinacionales del crimen energético no ven rentable mantener el buque insignia del suicidio colectivo en un nuevo escenario que les obligue a cotizar por lo que hasta ahora les salía gratis. Es la vieja historia, más actual que nunca, de apropiarse del beneficio y socializar las pérdidas.

Detrás de esa cortina de humo se esconde el verdadero motivo del cierre, la insostenible, desde hace muchos años, situación de precariedad desde el punto de vista de la seguridad con la que está funcionando la gemela de Fukushima, y la impresentable respuesta que se ha dado desde la casta política cómodamente secuestrada en las alfombras de las eléctricas.

Dos expresidentes del Gobierno español, Felipe González y José María Aznar, encabezan una larga lista de políticos que han acabado de «asesores» -con sueldos pornográficos: Aznar 200.000 euros anuales, González 126.500 que sumar a sus pensiones vitalicias a cargo del Estado de otros 82.000 euros al año- de las empresas que ostentan el monopolio eléctrico en la península. Entres ellos la   exministra de Economía Elena Salgado, el exministro de Economía y excomisario europeo Pedro Solbes, el exministro de Economía Miguel Boyer, el exministro Luis María Atienza, José Folgado, secretario de Estado del Ejecutivo de Aznar, la exdiputada socialista Arantxa Mendizábal, Narcís Serra, Miquel Roca, José Luis Olivas Martínez, expresidente del Gobierno valenciano…

Frente a esta trama tramposa de un entramado institucional cada vez más caduco e insostenible, miles de hormiguitas hemos ido poniendo durante años nuestro esfuerzo militante para tejer una enorme red cargada de razones donde atrapar la sinrazón de los que se autoproclaman apóstoles del futuro mientras nos hablan con el cadáver de una niña de Chernobil en los labios.

Hace diez largos años, ante la respuesta meliflua y panfletaria de las estructuras políticas que con la boca pequeña pedían el cierre de Garoña y con sus actos, o sus omisiones y escala de prioridades, posibilitaban el juego de la ruleta rusa al que nos han condenado durante cuarenta interminables años, impulsamos la creación de la Iniciativa Araba sin Garoña. Una iniciativa que contra viento y resaca ha conseguido reunir, bajo el impulso del movimiento popular, a todos y cada uno de los agentes sociales y sindicales reales presentes en un territorio histórico, el alavés, tan ignorado como sorprendente. Tan sorprendente como que todas las fuerzas sindicales -ELA, CCOO, UGT, LAB, ESK, STEE-EILAS, Hiru, CNT, CGT, UAGA- hayan sido capaces de aparcar sus lícitas diferencias para lograr un objetivo común.

Una unidad de acción sin precedentes, que a pesar de haber conseguido sumar fuerzas tan diversas como la práctica totalidad de comités de empresa, concejos o la inmensa mayoría del mundo universitario, ha sido ninguneada por los medios de comunicación, no por la ciudadanía que año tras año ha llenado las calles de Gasteiz en mil convocatorias. Y la travesía del desierto no ha sido en vano. La movilización popular, por mucho que se quiera deslegitimar, ridiculizar o relativizar, ha sido el verdadero motor y causante del cierre de Garoña, por mucho que les pese tanto a los burócratas del modernismo verde que han sustituido la lucha popular por el spam informático y las notas de prensa, como a los agoreros del determinismo economicista que hace mucho vendieron su alma y su praxis al posibilismo de un sistema que devora a sus devotos, como Saturno devorando a sus hijos por temor a ser destronado.

Hoy más que nunca es hora de reivindicar los sueños como armas cargadas de futuro, hoy tanto como siempre, es tiempo de repudiar a los vendedores de sueños cargados de humo. Detrás de Garoña, como de Lemoiz, hay un sistema herido de muerte, el de la centralización y acumulación capitalista, hay un viejo mundo que se acaba fruto de sus propias contradicciones. No seamos nosotros quienes le hagamos el boca a boca, no desactivemos nuestras propias alternativas aunque haya quien las utilice en sus programas electorales como quien pone esquelas; no sólo son buenas, son las únicas posibles y reales si en vez de hablar tanto de ellas nos dedicamos a hacerlas realidad.

Es hora de decir con orgullo Nik ere Lemoiz eta Garoña geldiarazi nituen, es hora de reivindicar, más allá de las declaraciones-metadona vacías de contenido, la virtualidad del movimiento popular para generar escenarios nuevos, es hora de articular el poder popular como herramienta de cambio social más allá de los cantos de sirena de las cuatro esquinitas de lo posible del juego institucional. Ayer Lemoiz y hoy Garoña son los símbolos de un modelo que no se ha acabado por sí mismo, sino que hemos sido capaces de superar con lucha y entrega, con los mismos instrumentos que superaremos el entramado económico-institucional que las sustentaba. Zorionak. Gora Herria!

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