Dia de la tierra

Eguzki

Cada 22 de éste mes se celebra a nivel internacional el Día de la Tierra. Como tenemos poco que celebrar, lo más acertado será hacer en éste día una reflexión colectiva de responsabilidad y un llamamiento a la conciencia de todas las personas.
Hoy no podemos festejar el “Día de la Tierra” puesto que, mientras seguimos consumiendo sin control, cientos de niños mueren diariamente de hambre, y a la vez, la sombra de la muerte cubre de luto el planeta. Hoy en día, la maquinaria mortal de la guerra, el negocio más lucrativo en la historia de esta civilización, continúa con esta masacre planetaria.
Eguzki aboga por un comprometido “día de la tierra” en que sea verdaderamente para “darle una mano” a nuestro “hermano ambiente” para que nuestra “madre Tierra” sienta nuestra solidaridad.
Estudios demuestran que en los últimos 30 años, alrededor del 30 por ciento de las regiones naturales del planeta se han deteriorado de forma alarmante. La velocidad de destrucción de la tierra, ríos y acuíferos, así como el consumo energético vinculado a la producción es claramente insostenible. El cambio climático, o los peligros de la contaminación, sea ésta nuclear, química o genética, son producto de la sociedad industrializada y exigen un cambio político orientado hacia políticas donde el desarrollo se entienda como una mejora para todos, y no una mera expansión económica. La sociedad tiene que decir basta ante esta situación amenazante. Todos los signos vitales de la salud de nuestra tierra muestran tendencias de declive acelerado. Y esta enorme pérdida de riqueza y de diversidad natural impulsada por la globalización económica no se refleja en un mayor bienestar para los seres humanos sino, al contrario, la desigualdad entre pueblos entre ricos y empobrecidos es cada vez más amplia.
La gestión ambiental en todos los niveles se caracteriza por ineficientes políticas, presupuestos tacaños, legislaciones que no se cumplen, acceso restringido a la información ambiental, y un sin fin de irregularidades de todas las administraciones que imposibilitan cada vez más alcanzar el equilibrio entre los recursos naturales y el desarrollo social.
Desde Eguzki, pedimos abrir un gran debate social sobre el modelo de desarrollo económico, social y cultural. Pedimos consenso y recibimos imposición. Buscamos abrir instrumentos reales de participación donde poder reflejar los intereses populares y donde lo colectivo adquiriese carta de naturaleza, y se ha invertido en “desarrollo sostenible” entendido como marketing verde en manos de políticos sin escrúpulos por la tierra, con el objetivo de neutralizar la capacidad expansiva de las iniciativas populares.
Pretendemos una política en la que en todos los ámbitos sociales se desarrollen políticas de calidad de vida en lugar de mero consumo; es de esta manera, y no otra, como podremos defender unos derechos medioambientales y sociales individual y colectivamente.
La crisis ambiental que sufre el Planeta, la mayor de la crisis actuales queramos reconocerlo o no, se evidencia día a día con nuevos episodios. Mayor hambruna, muchos conflictos y guerras, y escapes nucleares sin fin. No sólo lo decimos los ecologistas, sino también la comunidad científica internacional, intelectuales, medios de comunicación y personas al pié de calle.
En estos últimos años, lo único que hemos recibido de las distintas instituciones presentes en nuestro país ha sido una política de hechos consumados: con la especulación masiva en el mundo rural, con la política de vivienda e incineración de residuos, con las grandes superficies comerciales y mercado de alimentos no local, con canteras, con líneas de alta tensión, con el Tren de Alta Velocidad, con las nucleares y térmicas: todo un auténtico territorio de oportunidades, euskal hiria, sin señas de identidad donde nuestro ser como pueblo, euskal herria, se sacrificaba en el altar de los intereses del capital especulativo.
Oportunidades para explotar los recursos, desentenderse de las personas y los efectos negativos en las personas y mirada fija en el negocio que traen entre manos sin valores sociales, ambientales ni culturales. Las personas verdaderamente antisociales e hipócritas, no son quienes se manifiestan ante los líderes de nuestros diversos gobiernos, sino los que con su indolencia permiten y participan de esta vorágine del consumo, irresponsables que degrada la tierra y los recursos finitos del planeta, cual adictos que gafocitan el futuro de esta y futuras generacioness con cemento, asfalto, ladrillo, incineradoras y nucleares.
Lo importante es impulsar el respeto a la tierra, la eficiencia energética, la movilidad no motorizada, la reducción de consumo y el reciclaje, la disminución de emisiones contaminantes y el fomento de las energías renovables. Así y sólo así es posible enfrentar  los problemas ambientales como los accidentes nucleares, la contaminación, el cambio climático y la conservación de la biodiversidad, se necesita del compromiso individual y colectivo.
Por eso desde Eguzki reclamamos a esta sociedad para que luche en el presente ante un futuro que no está escrito, pero que se está escribiendo dia a día y podemos dictar como sujeto activo protagonista.
La central de Fukushima es una muestra de lo que se denomina “accidente” fruto de la mano del hombre, consecuencia de un modelo energético nada seguro, costoso, impredecible y cuyos efectos y residuos los asumimos todos y todas. Un modelo que demuestra que no somos capaces de garantizar su inocuidad durante los miles de años de radioactividad, por mucha profundidad de los océanos en los que se deposita. Un modelo de energía que puede traer consigo muerte, destrucción y contaminación radiactiva a todo el planeta, por lo que tenemos que decantarnos por asumir ese riesgo o descartarlo. Los fallos constantes en la Central Nuclear de Garoña son frecuentes, con la incertidumbre que esto genera, mientras centenares de toneladas de residuos radioactivos de alta actividad sin control y la contaminación radioactiva, como la producida en Fukushima, pueden repetirse cualquier día en nuestra tierra.

Techo, tierra, trabajo, salud, educación, libertad, justicia. Es un llamado a la acción, una acción directa y contundente, resultado de un verdadero compromiso individual y colectivo, con todas las fuerzas vivas del planeta; que trascienda el discurso, y que nos permita recuperar, proteger y conservar los recursos naturales y artificiales, necesarios para la renovación del ciclo vital; y construir una esperanza de vida, en un futuro posible; en el que nuestros hijos, sus hijos, y las generaciones porvenir; puedan heredar un planeta sano y disfrutar de los beneficios de la vida, viviendo los pueblos en paz y en armonía con su naturaleza, valorando lo colectivo y la participación en un modelo respetuoso social y medioambiental, justo y de calidad.

Es imprescindible adoptar compromisos personales y sociales para frenar el crecimiento del consumo, del espacio que ocupamos, de los bienes que creemos indispensables. Vivir sin miedo a perder lo excesivo, imitando a nuestros padres, felices con mucho menos. Frenar la idea de que nuestra sociedad y la economía deben de continuar creciendo para aportarnos más bienestar, olvidando que los recursos son finitos, tienen límites.

 En Eguzki, desde lo personal hasta lo colectivo, hacemos camino en esa esperanza y llamamos a reflexionar sobre nuestro proceder para con la tierra, para con nuestro pueblo, sin discursos sino con compromisos y acciones responsables consecuentes y coherentes.

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