Debate abierto a la sociedad Mirandesa

Desde hace muchos años nos hemos encontrado con algo muy presente en nuestra ciudad, la xenofobia. Pero no la xenofobia, contra el marroquí, el francés, o el ingles, igual de despreciable, sino la xenofobia contra ciudadanos de un mismo estado. Estamos hartos de oír como desde los medios de difusión estatales, llaman xenófobo al pueblo vasco, que no acepta al vecino Español, seguramente sin conocer la verdadera realidad y a las gentes de dicho pueblo. Estos señores ven la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio.
Centrándonos en el contexto socio-cultural de nuestra ciudad, el cual conozco perfectamente, y habiéndome tocado muy de cerca este tema gracias a compañeros y amigos que lo han sufrido, he escrito este articulo para poder denunciar y abrir los ojos a la ciudadanía mirandesa. Muchos de los conocedores de dicho problema, parecen no sentir ninguna preocupación en torno a él o están a favor de dichas medidas, ya sea por haberse aprovechado de la situación, ya sea por miedo, o simplemente por mero individualismo, si yo me libro o no me toca, no me importa.
Hemos sido testigos del acoso de las fuerzas de seguridad del estado a ciudadanos vascos y autóctonos en la ciudad, controles indiscriminados, insultos, y hasta agresiones. Muchos ciudadanos de esta ciudad siendo conscientes de dicho acoso, no movieron un dedo. Después de los acosos vinieron las detenciones, ciudadanos mirandeses y vascos fueron detenidos, agredidos y humillados en dependencias policiales, muchos de ellos sin delito cometido, ya sea por diferencias políticas con los miembros del anteriormente mencionado cuerpo policial o por simple xenofobia, después de estas actuaciones e injusticias muchos ciudadanos sí que decidieron movilizarse, aunque a mi pesar, algunos de ellos mas por la simple cercanía de algún afectado o por puro interés personal al sufrir en sus propia persona estas actuaciones desproporcionadas.
A continuación de las detenciones llegaron los procesos judiciales, en los cuales multitud de ciudadanos fueron llamados a declarar ante el poder judicial. Pero no todos los ciudadanos, pertenecientes al Estado Español, un estado democrático y de pleno derecho, en el cual, todos los ciudadanos tendrían que ser iguales ante la ley, como bien indica el artículo 14. del la norma suprema del ordenamiento jurídico del Estado Español, es decir la constitución Española;
“Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”

Sin embargo, nacer treinta kilómetros al norte, significa que la pena pase de una simple amonestación civil y económica a convertirse en una odisea judicial penal, en la que se puede ingresar incluso en prisión, arruinando la vida del sujeto, por el simple hecho de poseer una afiliación nacional diferente o unas ideas políticas no acordes con el o los agentes de turno. Todo ello ante la pasividad de los ciudadanos y del poder judicial, que siendo conscientes del problema anteriormente descrito, ha preferido callar antes de poner la voz de alarma ante este atropello a los principios básicos de igualdad y de respeto del derecho individual y colectivo de una democracia.
Desconozco si el problema es de las instituciones tanto policiales, políticas, como judiciales, las cuales tras treinta años ejerciendo la democracia no han sabido adaptarse correctamente al funcionamiento de una democracia occidental, o simplemente desconocen los mecanismos reales en los cuales opera una democracia occidental, o es culpable la misma sociedad. Una sociedad enferma y desgraciadamente enfermada, educada durante cuarenta años en el odio al diferente, la violencia y represión política, el odio al extranjero y la exaltación de los atributos nacionales, en el odio al pueblo vasco, a su idioma, y su cultura, embarcándola en un etnocentrismo brutal, bombardeada durante tantos años, sobre una supuesta persecución “étnica” a todo lo español en la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra, enmascarando el problema político y social provocado tras pasar por cuarenta años de dictadura, alimentando el odio hacia todo lo Vasco, utilizándolo como tal chivo expiatorio a todos los problemas de esta democracia, el cual les ha mantenido en el poder hasta el día de hoy.
En esta sociedad enfermada, en la cual se busca antes en beneficio propio que preocuparnos de nuestros vecinos, compañeros, amigos y de las injusticias las cuales puedan ocurrirles. Una sociedad en la cual sus miembros, perfectamente adoctrinados, ya sean individuos afiliados a la izquierda, a la derecha o supuestos progresistas o alternativos de palabra y postal, se preocupan de los problemas propios, y si en todo caso, de los problemas de su grupo más cercano, individuos que después, eso sí, se llenan la boca de palabras de solidaridad, justicia y paz. Pero claro, llenarse la boca no es suficiente, lo que cuenta y lo que de verdad va a cambiar las cosas son los hechos, hechos que en esta sociedad faltan, y en la cual nos sobran oradores, los cuales podemos encontrar en cada esquina.
Con este artículo solo pretendo llamar la atención y abrir un debate, a mi parecer necesario, a una sociedad, dormida, una sociedad pasiva, xenófoba, envidiosa, insolidaria, despreocupada por las injusticias de la vida, mezquina y sobre todo individualista. Pero ante la enfermedad la cual sufre esta sociedad, existe una cura, una cura que pasa por dejar de mirar nuestro ego interno y mirar más allá, mirar al vecino, mirar al pobre, mirar al marginado social, mirar al represaliado político, mirar al resto de culturas que forman nuestro mundo y aprender de ellas, mirar al pasado y sobre todo mirar el futuro, y preguntarnos qué futuro queremos para nosotros y los que vengan detrás de nosotros, el cambio está en manos de todos, y no en los propio intereses personales. Juntos podemos llegar a aspirar a una verdadera democracia, sin violencia de ningún tipo, en la cual no se persiga al diferente, se respeten todas las culturas que forman este país, se respeten las decisiones nacionales, sociales, y políticas de cualquier grupo social y humano, no se persiga a sus ciudadanos por su afiliación nacional o política independientemente cual sea, y podamos entre todos y sin exclusiones ni marginaciones vivir cada día un poco mejor.

“Cuando los nazis vinieron a por los comunistas”.

Primero fueron a por los judíos,
Y yo no hablé porque no era judío.
Después fueron a por los comunistas,
Y yo no hablé porque no era comunista.
Después fueron a por los católicos,
Y yo no hablé porque era protestante.
Después fueron a por mí,
Y para entonces ya no quedaba nadie que hablara por mí.

Martin Niemöller. Pastor luterano alemán. En un principio apoyo al partido Nacional-Socialista, pero más tarde fue detenido y condenado a siete meses de cárcel por un tribunal especial, al cumplir la condena impuesta, fue internado en un campo de concentración.

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